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    Artículo de opinión. Este texto refleja la perspectiva profesional del autor y no constituye una revisión sistemática ni un artículo científico original. Las referencias citadas en formato APA respaldan los datos mencionados.

    ProtonterapiaOpiniónEspañaPolítica sanitaria

    Protonterapia en España: ¿innovación prioritaria o inversión prematura?

    Reflexión sobre la llegada de la protonterapia a España, sus beneficios reales y las necesidades pendientes de los servicios de radioterapia convencional.

    Raúl Fernández Rodríguez
    Raúl Fernández Rodríguez

    TSRyD · Máster en Práctica Avanzada en Oncología y RT · Miembro del Comité RTT de ESTRO

    17 de febrero de 202612 min de lectura

    Resumen

    La protonterapia ha generado grandes expectativas en el tratamiento del cáncer de cabeza y cuello gracias a su ventaja dosimétrica. Sin embargo, la evidencia clínica actual muestra que esta superioridad física no siempre se traduce en mejoras globales en la calidad de vida del paciente. Este artículo de opinión reflexiona sobre la entrada de la protonterapia en España y plantea una pregunta incómoda: ¿estamos invirtiendo en lo más avanzado sin haber resuelto antes las carencias básicas de muchos servicios de radioterapia del país?

    Introducción: el contexto español

    El cáncer de cabeza y cuello representa una carga global significativa. Gracias a los avances en tratamientos multimodales, los pacientes viven más tiempo, y esto, junto con el cambio epidemiológico hacia tumores de biología más favorable, ha convertido la calidad de vida a largo plazo y la reducción de toxicidades en una preocupación central (Li et al., 2020; Leeman et al., 2017).

    En este escenario, la protonterapia (PT) ha irrumpido como una tecnología prometedora. Los protones depositan la mayor parte de su energía en un rango estrecho de profundidad (el famoso pico de Bragg) con dosis de salida prácticamente nula. Esto permite, en teoría, una reducción significativa de la dosis en órganos de riesgo (OARs) como la cavidad oral, los músculos constrictores y las glándulas salivares, en comparación con la radioterapia de intensidad modulada (IMRT) (Kim et al., 2022; Liao et al., 2024).

    Pero la pregunta clave no es si la dosimetría es mejor. La pregunta es: ¿se traduce esa superioridad en mejores resultados para el paciente?

    ¿Qué dice la evidencia clínica?

    La evidencia de nivel 1 ha comenzado a emerger. El ensayo aleatorizado de fase III NCT01893307, publicado por Frank et al. (2025), demostró que la PT no es inferior a la IMRT en control tumoral para cáncer de orofaringe, reduciendo significativamente la necesidad de sondas de alimentación. A 3 y 5 años, la supervivencia libre de progresión se mantuvo no inferior, y la supervivencia global fue significativamente mayor en el brazo de IMPT (90,9 % vs. 81,0 %, HR 0,58, p = 0,045). Además, la IMPT logró tasas significativamente menores de disfagia de alto grado (31 % vs. 49 %, p = 0,001), linfopenia severa (76 % vs. 89 %, p = 0,005) y dependencia de gastrostomía (26,8 % vs. 40,2 %, p = 0,018).

    Esto se refuerza con el ensayo de fase II de Lee et al. (2024), que reportó tasas significativamente menores de mucositis aguda grado ≥2 (7,5 % vs. 22,2 %, p = 0,0376) y disgeusia (7,7 % vs. 33 %, p = 0,002) con PT frente a IMRT en irradiación unilateral. El control tumoral y las toxicidades tardías fueron comparables.

    Sin embargo, y aquí está el matiz, los datos sobre calidad de vida global siguen siendo mixtos. En pacientes con carcinoma nasofaríngeo, Chen et al. (2025) no encontraron diferencias clínicamente significativas en la calidad de vida global entre PT y VMAT, y los beneficios se limitaron a dominios específicos o a efectos dependientes del tiempo (Liao et al., 2024). El ensayo de Kong et al. (2025) mostró una reducción no significativa de la xerostomía grado ≥2 a los 6 meses (16 % vs. 27 %, p = 0,13) sin diferencias en supervivencia.

    Las incertidumbres físicas que nadie menciona

    Más allá de la dosimetría planificada, la PT tiene incertidumbres inherentes con implicaciones clínicas directas. El valor estándar de efectividad biológica relativa (RBE) de 1,1 es una simplificación; la evidencia experimental sugiere que la RBE puede aumentar significativamente en el borde distal del pico de Bragg (Li et al., 2020; Leeman et al., 2017). Esto es un arma de doble filo: mientras podría mejorar el control tumoral, también podría explicar toxicidades tardías inesperadas.

    Un ejemplo notable: Singh et al. (2022) encontraron una prevalencia de osteorradionecrosis (ORN) del 10,6 % en pacientes tratados con PT, todos los casos espontáneos. Los autores sugirieron que esta tasa podría ser superior a la reportada para IMRT, hipotetizando que una RBE elevada en el hueso mandibular podría contribuir a esta toxicidad.

    Estas incertidumbres impactan directamente en la planificación del tratamiento y requieren estrategias de planificación robusta para mitigar riesgos, incluyendo evitar colocar el borde distal del haz cerca de estructuras críticas como el tronco del encéfalo o los nervios ópticos.

    Toxicidad específica vs. calidad de vida global

    Aquí es donde el debate se vuelve verdaderamente interesante. Van der Laan et al. (2021) analizaron el impacto relativo de distintas toxicidades sobre la calidad de vida global y encontraron que, aunque la xerostomía tiene una influencia negativa, su efecto es menor comparado con síntomas como la fatiga o las dificultades del habla. Es decir: aunque la PT logre una reducción casi completa de la xerostomía, su beneficio neto sobre la calidad de vida global puede ser modesto o incluso despreciable si no muestra una mejora comparable en toxicidades de alto impacto como la fatiga y los problemas del habla.

    Desde una perspectiva psicosocial, reducir toxicidades físicas puede aportar beneficios secundarios importantes. Por ejemplo, una menor necesidad de sondas de alimentación preserva la capacidad del paciente para participar en actividades sociales que involucran comida, un componente clave de la calidad de vida medido por el cuestionario QLQ-HN35.

    Aquí es donde el debate se vuelve verdaderamente interesante.

    Mi opinión: España necesita protones, pero no solo protones

    Y aquí llego a lo que realmente quiero decir con este artículo.

    La llegada de la protonterapia a España es una noticia positiva y debería producirse de forma natural. España se ha convertido en el país con más equipos de protonterapia de Europa, y nuestros profesionales necesitan formarse para operar esta tecnología con seguridad y eficacia. Es precisamente uno de los motivos por los que creamos el campus de Protones en RTT Learning.

    Pero hay una realidad incómoda que no podemos ignorar: en España existen servicios de radioterapia con equipamiento obsoleto que llevan años esperando una renovación tecnológica que no llega. Hay comunidades autónomas y zonas rurales donde los pacientes oncológicos se ven obligados a desplazarse cientos de kilómetros para recibir un tratamiento de radioterapia convencional. Pacientes que hacen ese viaje cada día, durante semanas, con todo lo que eso implica física y emocionalmente.

    La pregunta que planteo no es si debemos invertir en protonterapia. La respuesta es sí. La pregunta es: ¿tiene sentido invertir en la tecnología más avanzada cuando aún no hemos resuelto las carencias básicas? ¿No deberíamos asegurar primero que todos los pacientes españoles tengan acceso a radioterapia convencional de calidad sin tener que desplazarse distancias inhumanas?

    La protonterapia beneficiará a un número relativamente pequeño de pacientes con indicaciones muy específicas. Una renovación de equipos obsoletos y la apertura de servicios en zonas desatendidas beneficiaría a miles de pacientes cada año. Ambas inversiones son necesarias, pero el orden de prioridad debería ser evidente.

    Conclusión

    La protonterapia ha demostrado consistentemente ventajas dosimétricas que se traducen en una reducción de toxicidades agudas en el tratamiento del cáncer de cabeza y cuello. El ensayo de fase III de Frank et al. (2025) proporciona la evidencia clínica más sólida hasta la fecha. Sin embargo, la evidencia sobre su impacto a largo plazo en la calidad de vida global sigue siendo limitada.

    Para valorar el verdadero beneficio de la PT, necesitamos un marco centrado en el paciente que integre resultados clínicos, físicos y psicosociales. El objetivo final no es la superioridad dosimétrica, sino una mejora tangible en la vida diaria de los supervivientes de cáncer.

    En el caso de España, esta reflexión va más allá de lo clínico. La integración de la protonterapia debe ir acompañada de una inversión seria en modernizar servicios existentes y garantizar la equidad de acceso a la radioterapia en todo el territorio nacional. La innovación tecnológica no puede construirse sobre cimientos de desigualdad.

    Referencias

    1. 1Beddok, A., Popovtzer, A., Calugaru, V., Fontaine, M., Shih, H. A., & Thariat, J. (2025). Proton therapy for primary and recurrent HPV-related oropharyngeal cancer. Oral Oncology, 165, 107309. https://doi.org/10.1016/j.oraloncology.2025.107309
    2. 2Chen, P.-J., Lin, C.-R., Hung, S.-P., Lee, C.-H., Chang, P.-H., Huang, S.-F., … Wu, P.-W. (2025). Health-related quality of life changes in nasopharyngeal cancer patients: a propensity score-matched comparison of intensity-modulated proton therapy and volumetric-modulated arc therapy. Japanese Journal of Clinical Oncology, hyaf115. https://doi.org/10.1093/jjco/hyaf115
    3. 3Frank, S. J., Busse, P. M., Lee, J. J., Rosenthal, D. I., Hernandez, M., Swanson, D. M., … Foote, R. L. (2025). Phase III trial of proton versus photon radiotherapy for oropharyngeal cancer. SSRN. https://doi.org/10.2139/ssrn.5390173
    4. 4Kim, K. N., Harton, J., Mitra, N., Lukens, J. N., Lin, A., Amaniera, I., … Wojcieszynski, A. (2022). Acute toxicity in patients treated with concurrent chemoradiotherapy with proton versus intensity-modulated radiation therapy for nonmetastatic head and neck cancers. Head & Neck, 44(11), 2386–2394. https://doi.org/10.1002/hed.27146
    5. 5Kong, L., Hu, J., Huang, Q., Hu, W., Gao, J., & Zhang, H. (2025). Proton vs. Photon for Nasopharyngeal Carcinoma: Toxicity and Survival in a Phase 2 Randomized Study. International Journal of Radiation Oncology Biology Physics, 123(1). https://doi.org/10.1016/j.ijrobp.2025.01760-2
    6. 6Leeman, J. E., Romesser, P. B., Zhou, Y., McBride, S., Riaz, N., Sherman, E., … Lee, N. (2017). Proton therapy for head and neck cancer: expanding the therapeutic window. The Lancet Oncology, 18(5), e254–e265. https://doi.org/10.1016/S1470-2045(17)30179-1
    7. 7Lee, N. Y., Kalman, N. S., Ma, D. J., Wong, R. J., Romesser, P. B., Barker, C. A., … (2025). A Phase II Randomized Study of Proton vs. Intensity-Modulated Radiation Therapy in the Treatment of Unilateral Head and Neck Cancer. International Journal of Radiation Oncology Biology Physics, 123(1). https://doi.org/10.1016/j.ijrobp.2025.01757-2
    8. 8Li, X., Lee, A., Cohen, M. A., Sherman, E. J., & Lee, N. Y. (2020). Past, present and future of proton therapy for head and neck cancer. Oral Oncology, 110, 104879. https://doi.org/10.1016/j.oraloncology.2020.104879
    9. 9Liao, K.-C., Huang, Y.-J., Tsai, W.-L., Lee, C.-H., & Fang, F.-M. (2024). Longitudinal Assessment of Quality of Life in Nasopharyngeal Cancer Patients Treated with Intensity-Modulated Proton Therapy and Volumetric Modulated Arc Therapy at Different Time Points. Cancers, 16(6), 1217. https://doi.org/10.3390/cancers16061217
    10. 10Singh, A., Kitpanit, S., Neal, B., Yorke, E., White, C., Yom, S. K., … Estilo, C. L. (2022). Osteoradionecrosis of the Jaw Following Proton Radiation Therapy for Patients With Head and Neck Cancer. JAMA Otolaryngology–Head & Neck Surgery, 149(2), 151–159. https://doi.org/10.1001/jamaoto.2022.4165
    11. 11Van der Laan, H. P., Van den Bosch, L., Schuit, E., Steenbakkers, R. J. H. M., Van der Schaaf, A., & Langendijk, J. A. (2021). Impact of radiation-induced toxicities on quality of life of patients treated for head and neck cancer. Radiotherapy and Oncology, 160, 47–53. https://doi.org/10.1016/j.radonc.2021.04.011